Cantar de Mío Cid. Folio 73r
Allí oyerais al infante las grandes voces que daba:
«Váleme, Señor glorioso, líbrame ya de esta espada».
El caballo refrenó, por escapar de Colada,
fuera del campo le lleva, don Martín dentro quedaba.
«Don Martín, venid acá, el rey Alfonso gritaba,
por todo lo que habéis hecho la lid está bien ganada».
Y aquello que dice el rey los jueces lo confirmaban.
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Muño Gustioz vence a Asur González.
El padre de los infantes declara vencida la lid.
Los del Cid vuelven cautelosamente a Valencia.
Alegría del Cid.
Segundos matrimonios de sus hijas.
El juglar acaba su poema.
Quiero contaros ahora algo de Muño Gustioz,
y con ese Asur González cómo se las arregló.
Muy grandes golpes se dieron en los escudos los dos.
Asur González, que era muy forzudo y de valor,
el escudo le traspasa al buen don Muño Gustioz;
tras de pasarle el escudo la armadura le quebró,
mas no le coge la carne, la lanza en vacío dio.
Cuando este golpe recibe, otro da Muño Gustioz,
por la guarnición del centro el escudo le partió,
no se pudo resguardar, la armadura le rompió,
le hiere a un lado del cuerpo, que no junto al corazón,
por la carne se le ha entrado la lanza con el pendón,
al otro lado del cuerpo más de un palmo le asomó,
un tirón le dio a la lanza, de la silla le movió
y al ir a sacar la lanza en tierra le derribó:
rojos han salido el asta y la punta y el pendón.
Que estaba herido de muerte todo el mundo se creyó:
Muño recobra la lanza y a rematarla marchó,

Anónimo, copista Per Abbat
Versificación moderna de Pedro Salinas