Cantar de Mío Cid. Folio 72v
Se le rompieron las cinchas, ninguna le aprovechó,
y el caballo, por la cola, en tierra le derribó.
Por muerto le da la gente que estaba allí alrededor;
clavada tiene en el cuerpo la lanza; don Pedro echó
mano a la espada, y el otro, que a Tizona conoció,
no espera el golpe y confiesa: «Por vencido me doy yo».
Se lo otorgaron los jueces y don Pedro le dejó.
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Martín Antolínez vence a Diego.
Martín y Diego González se acometen con las lanzas,
tan fuertes fueron los golpes que se les quebraron ambas.
El buen Martín Antolínez echa mano de la espada,
todo el campo relumbró, era tan limpia y tan clara.
A su enemigo dio un golpe que de través bien le alcanza,
el casco que lleva encima a un lado le derribaba
y las correas del yelmo del golpe quedan cortadas;
el acero hasta la cofia y la capucha llegaba,
y todo, capucha y cofia, con la espada se lo arranca,
el pelo le va rozando, hasta la carne se entraba,
trozos del yelmo y la cofia por aquel campo rodaban.
Cuando descarga este tajo la tan preciosa Colada
comprende Diego González que con vida no se escapa,
tira riendas al caballo para que vuelva la cara,
la espada lleva en la mano, mas no se atreve a emplearla.
El buen don Martín entonces le arremete con la espada,
un golpe le dio de plano, que de filo no le alcanza.

Anónimo, copista Per Abbat
Versificación moderna de Pedro Salinas