Cantar de Mío Cid. Folio 45r
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Doña Jimena y las hijas se muestran satisfechas.
Allí le besan las manos su mujer y sus dos hijas
y todas las otras damas de quien ellas se servían.
«Gracias a Dios y a vos gracias, Cid, de la barba crecida,
cosas que vos decidáis son cosas bien decididas.
Nada les ha de faltar, mientras viváis, a mis hijas».
«Padre, cuando nos caséis seremos las dos muy ricas».
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El Cid recela del casamiento.
«Mi mujer, doña Jimena, sea lo que quiera Dios.
A vos os digo, hijas mías, doña Elvira y doña Sol,
que con este casamiento ganaremos en honor,
pero sabed que estas bodas no las he arreglado yo:
os ha pedido y rogado don Alfonso, mi señor.
Lo hizo con tanta firmeza, tan de todo corazón,
que a aquello que me pedía no supe decir que no.
Así en sus manos os puse, hijas mías, a las dos.
Pero de verdad os digo: él os casa, que no yo».
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Preparativos de las bodas.
Presentación de los infantes Minaya entrega las esposas a los infantes.
Bendiciones y misa.
Fiestas durante quince días.
Las bodas acaban, regalos a los convidados.
El juglar se despide de sus oyentes.
Entonces se comenzó a adornar todo el palacio,
los suelos y las paredes con tapices los taparon,
telas de púrpura y seda y muchos paños preciados.
¡Cuánto gusto os daría comer en aquel palacio!
Los caballeros del Cid todos se fueron juntando.
Van entonces a buscar a don Diego y don Fernando:
ya cabalgan los infantes, caminan para palacio
con muy buenas vestiduras, ricamente ataviados.
¡Qué bien y con qué humildad e el alcázar entraron!

Anónimo, copista Per Abbat
Versificación moderna de Pedro Salinas