Cantar de Mío Cid. Folio 48v
»y todos su obligación cual vos mandéis cumplirán.
Con Dios y con vuestra suerte veamos lo que va a pasar».
Mío Cid dijo: «No hay prisa, tengamos tranquilidad».
Llega entonces don Jerónimo, muy armado que está,
delante de Mío Cid se fue el obispo a parar:
«Hoy os he dicho la misa de la Santa Trinidad;
si he salido de mi tierra y aquí os vine a buscar
es por ganas que tenía de algunos moros matar,
honrar quiero yo mis armas y mi orden sacerdotal
y ser en esta batalla quien primero atacará.
Traigo yo pendón y armas que de lejos se verán,
si así place al Creador hoy las querría ensayar,
porque así mi corazón tranquilo se quedará,
y vos, Mío Cid, por eso aún me estimaríais más.
Si ese favor no me hacéis de aquí me quiero marchar»
Dijo entonces Mío Cid: «Tal como queréis se hará,
allí estan los moros, id vuestras armas a probar,
de aquí veremos nosotros qué tal pelea el abad».
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El obispo rompe la batalla.
El Cid acomete.
Invade el campamento de los moros.
El obispo don Jerónimo hizo una buena arrancada
y fue a atacar a los moros allí donde ellos acampan.
Por la suerte que tenía y por lo que Dios le amaba
de sus dos golpes primeros dos enemigos mataba.
Ya tiene rota la lanza y metió mano a la espada.
¡Cómo se esfuerza el obispo, Dios mío, qué bien luchaba!
A dos mató con la lanza y ahora cinco con la espada.

Anónimo, copista Per Abbat
Versificación moderna de Pedro Salinas