PENITENCIAS
Hoy
desperté con ganas de ser dios
pero al salir y ver tanta tristeza por la calle,
tanta humanidad entorpecida,
tanta desazón vistiendo rostros de mujeres,
escondí el espejo, me deshice
entre los sudores de la masa.
Una risa negra descendió de las alturas.
Ahora, como cada noche en lluvia antes de dormir
cuento frustración a las paredes,
me revuelvo humilde entre las sábanas
y rezo
porque exista un dios en quien creer hasta la muerte.
Adelaida Caballero